Pequeñas anécdotas sobre el Marqués de Sade

¿Por qué un hombre con un bigote irrisorio fue el gestor de horrores ciclópeos? ¿Por qué la racionalidad de Sócrates  era impulsada por una atracción hacia lo divino? ¿Por qué la humanidad  se sigue salvando a pesar de haber matado a su salvador? ¿Por qué las personas, siendo tan diferentes, estamos en la misma dimensión?

En lo que respecta a respuestas y preguntas tendré que morderme la lengua y recordar que no tienes tiempo en estos momentos. Tu situación es simple:  Eres honesta y humilde, sin embargo, eres prófuga de la justicia*; tus antiguos jefes te inculparon para salvarse y continuar su vida delictiva; los intentos de abuso, de un rotular concupiscente sobre tu cuerpo máculo (máculo en tanto incita  desmedidamente a la lujuria), han sido más cotidianos en tu vida que una buena comida; aún así, nunca has flaqueado (moralmente hablando), pero ahora estás entre la espada y una cama de espinas. Retomando: estás condenada a la guillotina por una falta que no cometiste.

Por suerte (o por desdicha) conociste a la Dubois. Ella, prisionera al igual que tú, te ofreció la posibilidad de salvarte de tu pena de muerte escapando de la cárcel. Fue inesperado, pero pasó. Tres amigos de la Dubois la ayudaron a escapar y ella te ayudó a escapar a tí. Todos corrieron. Eran una manada buscando seguridad, pero quizás tú eras la única oveja. El correr, el escapar por el bosque y sus ramas rasgaron tu vestido dejando relucir tu naturaleza.

Al llegar a una cabaña, los amigos de la Dubois lo notaron: eres una Afrodita con problemas de personalidad porque rehuyes de tu esencia, pero esta se manifiesta como un infierno de juegos pirotécnicos (que dicho sea de paso, no existen todavía en tu época) que se intentan sofocar con un globo de agua. Eres como el corazón agitado: haces bombear la sangre de las personas. Tus pezones son dos gotas de ámbar por las cuales muchos estarían dispuestos a pagar una fortuna en diamantes, pero ese es un discurso en el que no estás dispuesta a entrar.

La Dubois y sus amigos tienen una carrera experimentada en atracos y asesinatos que, obviamente, planean continuar, pero ahora conoces su secreto. Te proponen que seas cómplice de ellos ya que no puedes regresar a la sociedad (o puedes hacerlo, pero para que te maten). Debido a tu apego por los valores que todos comparten, te niegas a esa clase de infamias. Ellos se enfadan. El dilema se planea: En ese caso te prestarás para satisfacer los placeres de todos, dice uno de los maleantes, si lo haces voluntariamente, cada uno de nosotros te dará una moneda de oro y te conduciremos adonde tú quieras, pero si demuestras resistencia, todos nos satisfaceremos igual, pero una vez satisfechos te descuartizaremos y te enterraremos al pie de un arbol.  Se están acercando. ¿Y…?¿Qué decides?

*Sólo tú sientes la verdad de tu inocencia, pero ¿Qué es una verdad sin compartir? ¿Qué es una aseveración que nadie acepta? Perdón, ya no te importunaré con mis preguntas.

PD: “…sus principios, sus costumbres, el sombrío lugar donde nos encontrábamos, la especie de seguridad donde creían hallarse, su embriaguez, mi edad, mi inocencia…” ( Sade )

PD2: El matiz gráfico es patrocinado por GOZZ.

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Una respuesta para “Pequeñas anécdotas sobre el Marqués de Sade”

  1. ... Dice:

    o es que uno no se atreve a buscar estas palabras que rasgan estre las verdad o la cruda fantasia…

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